Mi Hermandad
Cuento en mi haber con tres pasiones, (aparte de mi familia).
La escritura que me permite plasmar mis sentimientos. No de una forma
profesional ya lo sé. Lo que sí es cierto, es que trato de hacerlo de la mejor
manera. Siguiendo el hilo de las letras,
mi segunda pasión es la lectura. Gracias a ella, he descubierto la pasión por
la escritura. Además, me permite pasar de un mundo a otro con facilidad. Emoción,
aventura, sorpresa, aprendizaje….es parte de lo que un libro te ofrece. Y mi
tercera pasión, el tejido. Sí, tejo. Lo cual más que una pasión en los últimos
tiempos se ha convertido para mí en una terapia. Desde los diez años sé tejer y
aunque lo aparqué durante un tiempo, hace pocos años lo volví a retomar. Poco tiempo
pasó para darme cuenta de lo bien que me hacía sentir. Cuando tejes, te evades por completo de todo lo que no esté relacionado
con aquello que estas tejiendo. Contar puntos y vueltas se hace indispensable
para que la labor tome buen ritmo y naturalmente salga el trabajo que el hilo
esconde. Es por ello que necesitas de toda tu atención. Frustración y satisfacción
se dan de la mano cuando te sumerges en el mundo del tejido. Lo primero, cuando
tras muchas horas de trabajo, ves que no ha salido el trabajo tal como querías
y tienes que deshacer puntos y vueltas para comenzar otra vez. Y lo segundo,
cuando justamente ocurre todo lo contrario. Si tras muchas horas de trabajo,
ves que por fin el trabajo está terminado y el resultado es exactamente el que pretendías,
la satisfacción es enorme. Si a todo eso le acompaña el gusto de regalar el
trabajo a una persona especial para ti, entonces no hay comparación para
explicar lo que sientes. Máxime, al ver la cara de quién recibe tu regalo.
El tejido estaba destinado en un primer tiempo a las niñas
que aprendían sus entresijos para poder ponerlo en práctica una vez casadas y
como complemento a su educación. Y era
algo que no solo estaba desinado a niñas de bien. La clase pudiente así como la
de más baja cuna, gozaban de esa sabiduría popular. Con el tiempo, el tejido,
fue relegándose a las abuelas que lo ponían en práctica junto al hogar o a la
entrada de la casa puerta, donde compartían horas, compañía y charla con las
demás vecinas. Y así ha sido hasta ahora. En los últimos años se está poniendo
de moda tejer y no es raro ver movimientos como el urban knitting, que a través
del tejido nació de la necesidad de adornar las frías y grises calles de las
ciudades con el fin de hacerlas más hermosas. Ya no es raro ver gente tejiendo
en plazas, parques, cafés o casa puertas a cualquier hora del día y hasta bien
entrada la tarde. Cada vez con más asiduidad, se reúnen gentes de todas las
edades para tejer juntas bien, un proyecto en común bien, por separado, pero
unidas por una misma pasión, el tejido.
Cuando comencé a tejer nada ni nadie me dijo que de mis
manos saldría arte. Arte, porque somos artesanas. Los artesanos realizan su
trabajo a mano o con herramientas manuales, por lo que hay que tener cierta
destreza y habilidad para realizar su trabajo. Así que sí, somos artesanas. De nuestra
manos salen, chales, vestidos, muñecos, zapatillas, calceta, medias y un sinfín
de prendas, las posibilidades son infinitas. Las opciones son inmensas dentro de este arte.
El tejido no tiene fin mientras haya pasión, una idea o patrón que tejer y aguja
e hilo. No diré tiempo, ya que este se busca y se encuentra cuando lo que haces
te gusta y te llena. Y si me apuras, diré que incluso sin aguja se puede tejer.
No en vano, hay gente que como aguja emplean sus manos. Sí, parece irreal pero
ahí están. Yo misma he tejido una bufanda con mis manos como aguja, lo hice
hace mucho y la verdad es que ya entonces no me pareció difícil. La textura que
quedó en la bufanda era suave y suelta
por lo que convirtió a la bufanda en una prenda muy estimada por mí. También
tejí otra que aún conservo con un par de bolígrafos como agujas. Lo que quiero decir,
es que las posibilidades son muchas tan solo tienes que tener imaginación y
ganas de llevarlo a cabo.
Otra cosa que diré a favor del tejido es que gracias a ello,
encontré personas que merece mucho la pena conocer. Gente con una valía personal
impresionante con la que comparto un hobby. Personas que de otra manera, no
habría conocido y que ocupan una parte importante de mi vida. Gente con la que
compartir experiencia y patrones, risas y confidencias. Porque a lo largo del
tiempo que pasas tejiendo, vas conociendo a esas personas de forma más personal
y sin pretenderlo te conviertes en su confidente a la par que ellas lo son de ti.
Nace, por así decirlo, una hermandad entre todas y todos los tejedores. Y digo,
“todos los tejedores” porque afortunadamente atrás quedó la época en que el
tejido era una cuestión meramente femenina, para poco a poco, pasar a ser un
entretenimiento para ambos sexos.
Hoy puedo decir sin temor a equivocarme que mi hermandad,
esas BRUJAS MOSQUETERAS son para mí,
parte de mí y que espero formar parte de esa hermosa fraternidad por mucho,
muchos años.
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