jueves, 28 de mayo de 2015

Mi Hermandad




Cuento en mi haber con tres pasiones, (aparte de mi familia). La escritura que me permite plasmar mis sentimientos. No de una forma profesional ya lo sé. Lo que sí es cierto, es que trato de hacerlo de la mejor manera.  Siguiendo el hilo de las letras, mi segunda pasión es la lectura. Gracias a ella, he descubierto la pasión por la escritura. Además, me permite pasar de un mundo a otro con facilidad. Emoción, aventura, sorpresa, aprendizaje….es parte de lo que un libro te ofrece. Y mi tercera pasión, el tejido. Sí, tejo. Lo cual más que una pasión en los últimos tiempos se ha convertido para mí en una terapia. Desde los diez años sé tejer y aunque lo aparqué durante un tiempo, hace pocos años lo volví a retomar. Poco tiempo pasó para darme cuenta de lo bien que me hacía sentir.  Cuando tejes, te evades  por completo de todo lo que no esté relacionado con aquello que estas tejiendo. Contar puntos y vueltas se hace indispensable para que la labor tome buen ritmo y naturalmente salga el trabajo que el hilo esconde. Es por ello que necesitas de toda tu atención. Frustración y satisfacción se dan de la mano cuando te sumerges en el mundo del tejido. Lo primero, cuando tras muchas horas de trabajo, ves que no ha salido el trabajo tal como querías y tienes que deshacer puntos y vueltas para comenzar otra vez. Y lo segundo, cuando justamente ocurre todo lo contrario. Si tras muchas horas de trabajo, ves que por fin el trabajo está terminado y el resultado es exactamente el que pretendías, la satisfacción es enorme. Si a todo eso le acompaña el gusto de regalar el trabajo a una persona especial para ti, entonces no hay comparación para explicar lo que sientes. Máxime, al ver la cara de quién recibe tu regalo.



El tejido estaba destinado en un primer tiempo a las niñas que aprendían sus entresijos para poder ponerlo en práctica una vez casadas y como complemento a su educación.  Y era algo que no solo estaba desinado a niñas de bien. La clase pudiente así como la de más baja cuna, gozaban de esa sabiduría popular. Con el tiempo, el tejido, fue relegándose a las abuelas que lo ponían en práctica junto al hogar o a la entrada de la casa puerta, donde compartían horas, compañía y charla con las demás vecinas. Y así ha sido hasta ahora. En los últimos años se está poniendo de moda tejer y no es raro ver movimientos como el urban knitting, que a través del tejido nació de la necesidad de adornar las frías y grises calles de las ciudades con el fin de hacerlas más hermosas. Ya no es raro ver gente tejiendo en plazas, parques, cafés o casa puertas a cualquier hora del día y hasta bien entrada la tarde. Cada vez con más asiduidad, se reúnen gentes de todas las edades para tejer juntas bien, un proyecto en común bien, por separado, pero unidas por una misma pasión, el tejido.



Cuando comencé a tejer nada ni nadie me dijo que de mis manos saldría arte. Arte, porque somos artesanas. Los artesanos realizan su trabajo a mano o con herramientas manuales, por lo que hay que tener cierta destreza y habilidad para realizar su trabajo. Así que sí, somos artesanas. De nuestra manos salen, chales, vestidos, muñecos, zapatillas, calceta, medias y un sinfín de prendas, las posibilidades son infinitas.  Las opciones son inmensas dentro de este arte. El tejido no tiene fin mientras haya pasión, una idea o patrón que tejer y aguja e hilo. No diré tiempo, ya que este se busca y se encuentra cuando lo que haces te gusta y te llena. Y si me apuras, diré que incluso sin aguja se puede tejer. No en vano, hay gente que como aguja emplean sus manos. Sí, parece irreal pero ahí están. Yo misma he tejido una bufanda con mis manos como aguja, lo hice hace mucho y la verdad es que ya entonces no me pareció difícil. La textura que quedó en la bufanda era suave  y suelta por lo que convirtió a la bufanda en una prenda muy estimada por mí. También tejí otra que aún conservo con un par de  bolígrafos como agujas. Lo que quiero decir, es que las posibilidades son muchas tan solo tienes que tener imaginación y ganas de llevarlo a cabo.



Otra cosa que diré a favor del tejido es que gracias a ello, encontré personas que merece mucho la pena conocer. Gente con una valía personal impresionante con la que comparto un hobby. Personas que de otra manera, no habría conocido y que ocupan una parte importante de mi vida. Gente con la que compartir experiencia y patrones, risas y confidencias. Porque a lo largo del tiempo que pasas tejiendo, vas conociendo a esas personas de forma más personal y sin pretenderlo te conviertes en su confidente a la par que ellas lo son de ti. Nace, por así decirlo, una hermandad entre todas y todos los tejedores. Y digo, “todos los tejedores” porque afortunadamente atrás quedó la época en que el tejido era una cuestión meramente femenina, para poco a poco, pasar a ser un entretenimiento para ambos sexos.



Hoy puedo decir sin temor a equivocarme que mi hermandad, esas  BRUJAS MOSQUETERAS son para mí, parte de mí y que espero formar parte de esa hermosa fraternidad por mucho, muchos años.

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