Noche de San Juan, noche mágica.
La noche de San Juan siempre ha estado unida a un halo invisible
de magia creencias, ritos y rituales y porqué no, de fe. Desde los tiempos
antiguos hasta los más modernos el hombre se ha empeñado en creer que esta
noche es la más mágica de todas las noches que marca el calendario.
Su fe está sostenida, bien por la curiosidad, bien por la
necesidad. Necesitamos creer que si nos tomamos la molestia de hacer un ritual,
por raro o estrambótico que sea, nos irá bien el resto del año. Hay quién desea
dinero, otros salud y algunos amor, los más atrevidos pide de todo ¿qué más da?
Total es la noche propicia para pedir todo lo que deseemos. Otra cosa bien
distinta es si se cumplen. Que para eso están los escépticos que tan sólo
quieren pasar una noche divertida en compañía de amigos y familiares. No obstante
y a pesar que no se cumplan dichos deseos unos y otros, esperamos con verdadera
vehemencia la llegada de la próxima noche de San Juan donde sin ninguna duda
haremos de nuevo todos los rituales que conocemos y algunos que nos hayamos
inventado para hacer nuestros sueños realidad.
El denominador común de esta noche mágica es el fuego. Signo
de purificación, de renacimiento. Tendemos a pensar que dicho fuego quemará
toda nuestra mala suerte en cualquier ámbito, sin parar a pensar que la mala
suerte no es más que una etapa de nuestro propio camino tan legítima como la
buena suerte. Otra de las coincidencias que podemos encontrar en esta noche
mágica por toda la geografía española es el baile. La danza sirve para
ahuyentar los malos espíritus. Se ha de bailar alrededor de la hoguera para que
funcione su magia. De lo contrario sólo conseguiremos un agotador cansancio
producido por tanto baile. Quemar Juanillos (muñecos de trapos), saltar la
hoguera o pisar las cenizas aún candentes son otro requisito que nos sirve para
pasar la noche más mágica del año. Eso por
no mencionar los distintos y variopintos rituales que ha de hacerse esta noche.
Bañarse en el mar a las doce mientras se entra de espalda al mar y se salta
nueve olas traerá suerte para todo el año. Escribir un deseo en un papel que
meteremos bajo nuestra almohada y quemaremos la mañana siguiente nos da la
seguridad que dicho deseo se cumplirá antes de la llegada de la próxima
noche de San Juan. Si eres soltera y esa
noche te asomas al balcón de tu casa a las doce verás a tu amor verdadero
pasar. Infinidad de estrategias rebuscadas, adoptadas, legadas, inventadas o
heredadas sirven como escusa para creer que esta noche acabará nuestras
penurias, encontraremos el amor verdadero, tendremos una salud envidiable o el
mejor trabajo del mundo. No importa el medio sino el fin. No importa el cómo
sino el resultado.
Según cuenta la historia la celebración de la noche de San
Juan no es más que la celebración que antaño hacían los trabajadores del campo
al terminar el duro y frío invierno. Esa noche empezaba el verano y con él
nuevos proyectos y deseos eran esperados. Se reunían a la luz de las hogueras
esa noche donde compartían risas, bailes y fiestas además en un acto simbólico la luminaria servía para
fortalecer al sol ya que esa noche empezaba su deterioro. Nada tenía que ver la
magia ni los demonios o rituales y hechizos que pululan ahora por doquier para
esta noche. Nada que ver con las brujas, magos o hechiceros. Y nada que ver con
la magia de la tierra o de la naturaleza.
Los hechizos nacieron porque se dice, se comenta y se cuenta
que el demonio andaba suelto esta noche y había que mantenerlo a raya. Leyendas
como “La Encantada” ha contribuido en gran medida a mantener la magia de esa
noche.
Según cuentan una princesa mora de gran belleza se enamoró
de un príncipe cristiano y su padre el rey moro la condenó a vivir encerrada en
un monte redondo llamado Cabezo Soler junto al río Segura. Todos los años, y
sólo en la Noche de San Juan, la Encantá se aparece en el Cabecico Soler para
que alguien la libere. Si algún hombre valiente se encuentra con ella, la
Encantá le pedirá que la lleve en brazos hasta el río Segura para bañar sus
pies y así poder romper el maleficio. Pero para el hombre que la lleva, la
Encantá se hace cada vez más pesada, por no mencionar a los monstruos que salen
a su encuentro, provocando que el pobre valiente caiga desfallecido al suelo
soltando a la princesa y cargando a su vez con una nueva maldición, la de morir
pisándose la lengua. Historias como estas llenan la imaginación y la fe de quién
quiere creer.
Y ahora dime, ¿crees en la magia? ¿Celebras esta noche? Y,
¿cómo y dónde lo haces?
De cualquier manera, esta noche las brujas andan sueltas no
lo olvides, es hora de pedir un deseo. El mío, que tengas una feliz y mágica
noche.