Decepción
Según la definición de la palabra, una decepción es
un sentimiento de insatisfacción que surge cuando no se cumplen las expectativas sobre un
deseo o una persona. Se forma en unir dos emociones primarias, la sorpresa
y la pena .
Y según la RAE la decepción es: Pesar causado por un desengaño.
Cuando en tu edad
adulta empiezas a relacionarte con las personas nada te prepara para recibir decepciones.
Decepciones amargas y dolorosas por venir de alguien al que tú considerabas
mucho más que amigo, mucho más que “familia”(nótese las comillas). Porque esos
son los desengaños que más duelen. Tú, depositas toda tu confianza en esas
personas y ves como la traicionan dejándote claro que, para ellas, no
significa lo mismo. Tú, te apoyas en ellas y das el mismo apoyo para cuando
ellas lo necesiten. Tú, te sientes segura porque sabes sin dudar que cuando las
necesiten, estarán para ti. No en vano, tú has estado para ellas cuando te han
necesitado incondicionalmente. Y digo incondicionalmente porque, a pesar que
muchas veces esas personas te han fallado, tú te dices; bueno yo no soy como
ella, o; lo hago por mí no por ellas.
Cuando te relacionas con las personas entiendes que hay un
contrato no escrito, que marca la diferencia entre unas y otras sí pero, que tú
no te atreves a saltarte por mucho que te demuestren que para ellas ese
contrato, no significa nada. Entiendes que si tú eres educada recibirás
educación, pero no, la educación hace mucho que la perdieron. Primera frustración,
aún así sigues. Entiendes que cuando das calor recibes calor, pero un hielo gélido
se apodera de ellas y es lo que te dan, segundo desengaño. También entiendes
que cuando ayudas, te ayudan pero, una vez más el desengaño es toda su respuesta .
Decepción tras decepción, algo que no te deja indiferente ya
que esas decepciones sumadas, van restando puntos. Por no decir que tu salud, buen humor, tu confianza… se resienten.
Sé que no debo esperar nada, ni tan siquiera las gracias de
nadie, pero esa falta de gratitud es la que en muchas ocasiones te frustra,
dejándote una duda razonable al preguntarte si debes seguir confiando en nadie
más. Máxime si eres una persona confiada. Si eres una persona que mira hacia adelante, si te empeñas en ver el vaso
medio lleno, siempre encontrarás la forma de seguir confiando a pesar de los
sinsabores.
¿A qué viene esto? Muy sencillo. Últimamente he tenido que
enfrentarme a una desilusión familiar muy grande que no esperaba. Sí, sabía la
posibilidad que se diera, pero y apoyada por mi optimismo, pensé que nunca se
produciría y más viniendo de quién vino. Como ya he mencionado, esas son las
decepciones que más duelen. Una vez que se producen y miras atrás, solo deseas
que tu postura haya sido la correcta porque entonces el mal sabor de boca que
te queda es mucho peor que el desengaño en sí.
Mi marido y yo nos encontramos que todo por lo que habíamos
estado luchando durante toda nuestra vida juntos, se fue al garete en una
semana. Nos quedamos sin casa, sin dinero, sin trabajo, y casi, sin esperanzas,
entonces, recurrimos a la “familia” pensando que nos tenderían una mano, esa
mano que tanto estábamos necesitando. En vez de eso, no encontramos con
que una parte de la “familia” muy
importante y cercana, nos dieron la espalda, argumentando que no era su
problema. Y sí, en un principio y a regañadientes nos abrieron las puertas de
su casa, un año duró la apertura. En dicho año, no pararon ni un día, en hacer
todo lo posible por echarnos. Malas
caras, malos humos, malas contestaciones, indiferencias, frialdad, eso y más
fue lo que recibimos en el tiempo que estuvimos allí en su casa. Una casa, que
por otra parte está casi deshabitada y cerrada.
No entraré en más detalles, pero aquella experiencia nos
dejó muy tocados a los dos, a mi marido y a mí. Al esperar alguna reacción de
la “familia” nunca imaginamos que fuera aquella. Cuando tú necesitas de los
tuyos y no están, ¿qué puedes esperar? ¿Nada? Quiero pensar que no. Por fortuna
no todo el mundo es así, ni toda la familia.
Al pedir ayuda a esa parte de la “familia” no esperábamos
dinero ni que nos pagaran nuestros gastos, no esperamos que se hicieran cargo
de nuestros asuntos financieros porque nosotros aún podíamos cumplir con
nuestras obligaciones económicas. Craso error, ya que ellos pensaron que era eso
justamente lo que queríamos. Lo que esperamos fue calor, una palabra de
aliento, de ánimo, un abrazo, una preocupación compartida. Que nos ayudaran emocionalmente, porque eso, era lo que en
verdad necesitábamos. Nada encontramos por parte de ellos. Ni tan siquiera un;
“que te vaya bien”, cuando nos fuimos. Si acaso, un suspiro de alivio fue lo
que nos brindaron acompañados de una cara de felicidad difícilmente disimulada.
Ellos vieron el cielo abierto con nuestra marcha pero debo decir que nosotros,
también nos sentimos aliviados de poder salir de allí.
Dicen que siempre hay un aprendizaje de todas las
experiencias desagradables que vivimos, lo que yo aprendí fue que ellos, esa
“familia” fingieron siempre su cariño hacia nosotros. Que, nunca nos respetaron
como parte de la familia, que siempre nos brindaron engaños y que sobre todo y
por encima de cualquier cosa, lo que los mueven y lo que emanan de sus cuerpos
es puro y duro egoísmo. ¿Dignos de pena? No lo creo ni lo comparto. Digno de
pena es quién tiene una minusvalía, quién está luchando con toda sus garras
contra una enfermedad que no espera, ellos no. Ellos son dignos de toda tu
rabia, porque es eso lo único que puedes sentir por ellos. Una rabia
extremadamente poderosa que roza el odio. Jamás he sentido odio por nadie pero
por ellos, en estos momentos me encuentro muy cerca de sentirlo y no sentirme
por ello culpable.
¿Drástica? Quizás lo sea. Francamente y llegados a este
punto, poco me importa. Porque esa rabia, es lo que me hace soportar tamaña
decepción. Y porque ellos, con su actitud y desprecio, han hecho posible que
dentro de mí nazca este sentimiento. Aunque debo decir que aún hoy, sigo esperando
que el aprendizaje que debo recibir al descubrimiento de su verdadera personalidad se produzca.
En estos momentos he roto toda relación con ellos y parece
ser que a ellos les trae sin cuidado. Es
tan grande el daño emocional causado, que necesito apartarme y difícilmente la
relación de producirse algún día, será igual. Un ejemplo claro de cómo me
siento es, como cuando rompes un cristal y después con toda tranquilidad
quieres repararlo. Por mucho que lo recompongas nunca será lo mismo.
Hay que tener mucho cuidado en tu relaciones con las
personas y saber con toda seguridad que, esas mismas personas con las que
tratas todos los días pueden necesitarte del mismo modo que tu a ellas. Otro
aprendizaje.
Me quedo, con que yo hice aquello que consideré en su día de
buen grado y de corazón. No sé si ellos, viendo lo que ha pasado, podrán decir
lo mismo.
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