EL LAGO DE LAS
LÁGRIMAS
Al otro lado del sol, entre lo real y lo irreal, se encuentra
la isla donde vivo.
Playas de resplandeciente arena recorren sus costas
salpicadas por pequeños pueblos marineros unidos entre sí por serpenteantes ríos
y caminos. En su mayoría, gentes
marineras los habitan, encontrándose también agricultores, ganaderos,
talladores y astilleros. Pueblos que despiertan al amanecer con el bullicioso jaleo
de sus gentes. Marineros faenando en sus barcazas para la pesca diaria,
agricultores y ganaderos preparando el
mercado para la venta de sus mercancías, talladores en sus talleres trajinando
sus pequeñas obras, astilleros preparándose para el comienzo de la jornada.
Madres y niños en su carrera diaria por
llegar a tiempo a donde sea que vayan. Y esa, señores, es la vida normal y
corriente de mi pueblo, en mi isla al otro lado del sol.
Existe en mi isla un lago. Un inmenso lago de agua dulce
donde está completamente prohibido bañarse para no alterar su esencia viva y romántica
que nos empeñamos en conservar. El Lago de las Lágrimas es un lugar de encuentros,
de declaraciones, de promesas, de risas y confesiones. Es allí donde concurre
toda la gente que tiene algo importante y transcendental que hacer o decir. O simplemente
para pasar el día en familia. En sus comienzos, el lago era salado pues su nacimiento
venía de una veta de agua proveniente del mar siendo un lugar de pesca muy
concurrido pues era enorme la cantidad de peces que allí habitaban. Su historia,
leyenda, cuento, o como queráis llamarlo, es importante para la gente de la
isla. A mí me la contaron siendo muy niña y desde entonces es una leyenda que
siempre que el 18 de agosto asoma por el calendario, me viene a la memoria. Esta
leyenda es voz populi en toda la isla y no hay habitante, joven, viejo o niño que no la conozca y la respete. El 18 de
agosto es por consiguiente fiesta en toda la isla y este día se conmemora y
celebra de forma general, siendo una tradición acudir al lago para su festividad.
Muchas leyendas habitan y moran en la
memoria de los habitantes de la isla. Leyendas que han hecho de mi isla y de
sus gentes lo que es y somos. Somos en esencia, gentes creyentes, respetuosas y
temerosas con nuestras historias y tradiciones. Sin embargo, es la leyenda del El
lago de las Lágrimas la más importante para nosotros.
Cuentan las crónicas, que existía una pareja de enamorados. Tan
puro era su amor, que a los niños les despertaban una sonrisa cuando los veían
pasear, a los jóvenes el instinto dulzón y enamoradizo de sus primeros amores y
a los ancianos les avivaba su más tierna y jovial mocedad. Eras pues la envidia sana de los habitantes de
la isla. No obstante, había un muchacho que no sentía aquella satisfacción al
verlos juntos pues, unos celos enfermizos le devoraban por dentro. Estando enamorado
de la misma muchacha, su existencia se hacía cada vez más insoportable,
empezando a pensar y cavilar un plan para separarlos y gozar él del amor de la
joven.
Una calurosa mañana de julio se le presentó la oportunidad
que estaba esperando con tanta urgencia.
Sin desaprovecharla se lanzó a ella sin pensarlo y lo preparó todo para
culminar con éxito su maquiavélica empresa. Sabedor que el joven enamorado era
un agricultor de los que ponen el mercado en la plaza con su familia y conocedor
de los mares que era él, no tardó en utilizarlo a su favor. Lo temprano de la
hora también jugaba a su favor y cuando estaba seguro que nadie podía verle, le
llamó. Bondadoso como era y confiado acudió a la llamada sin dilación. Escuchó lo
que el joven vecino tenía que contarle y esa fue su perdición.
Le contó que debía ir sin demora al lago pues su amada
estaba allí esperándole y que no debía hacerla esperar pues por lo visto quería
decirle algo muy importante. El joven fue sin pensar que aquello era una trampa
urdida por su enemigo. Nada más llegar al lago, se encontró con que la joven
estaba ahogándose y en un intento desesperado por salvar a su amada se lanzó al
lago confiando en su amor y en su valentía. Nada de aquello le sirvió pues él
no sabía nadar y con ayuda de los peces que se congregaron a su alrededor, rápidamente
se hundió mientras trataba por todos los medios de llegar hasta su amada, sin
darse cuenta que aquello que él creyó era ella, solo era una gran sabana tirada
en el centro del lago. En unos angustiosos minutos, el joven se ahogó,
perdiendo la vida en un intento desesperado por salvarla a ella. Mientras en la
orilla, escondido y siendo testigo de todo aquello, estaba el muchacho que había
urdido aquella maliciosa trampa. En su afán por deshacerse de él, dejó que se
ahogara sin prestarle ayuda. Dejó pasar algún tiempo más y tras muchos minutos
cuando consideró que ya era hora, se lanzó al lago para mojarse la ropa dando
veracidad a su posterior explicación y salió corriendo al pueblo gritando que
el joven se había ahogado mientras él trataba de ayudarle. Pronto la gente supo
que no había ocurrido tal como él lo había contado, un marinero experto y
fuerte como era no habría dejado ahogarse al joven. Las sospechas pronto empezaron a recaer sobre él y el muchacho tuvo
que irse por miedo a la reacción de la
gente. Mientras tanto, la joven al conocer la muerte de su amado se marchó al
lago y arrodillándose en una de las orillas, comenzó a llorar desesperadamente.
Nada pudieron hacer su familia ni las gentes del pueblo por consolarla y para
que dejara de llorar. Todos los intentos fueron inútiles, ella no solo no dejó
de llorar, sino que cada vez, lo hacía con más intensidad en su desesperación
por el dolor tan intenso que sentía en su corazón. Poco a poco las lágrimas que
eran vertidas al lago fuero cambiando no solo la salinidad del agua volviéndola
dulce, los peces se retiraron y no volvieron y el lago experimento un
crecimiento inusual. Esto no trajo más que desdicha al pueblo dejándolo sin una
fuente de sustento importante con la retirada de los peces y con la gran
tristeza reflejada en los rostros de las gentes de la isla. Poco a poco la
joven se fue consumiendo y una mañana el 18 de agosto cuando no hacía un mes de
la muerte de su amado, no soportándolo más, se lanzó al lago y se hundió. Todo el
mundo lamentó y lloró el desenlace de aquella historia de amor que acabó de
forma tan trágica.
Desde entonces y en
honor a los enamorados que allí se ahogaron se celebra el día 18 de agosto
lanzando flores y farolillos luminosos al lago. Que pasó a llamarse el Lago de las
Lágrimas con una orilla de los enamorados. Con el tiempo la tradición se ha
mantenido pero lo que fue algo triste paso a convertirse en algo alegre y
tradicional ya que los jóvenes cuando estaban enamorados iban allí y delante
del lago declaraban su amor con la idea romántica que los dos enamorados que tanto
se amaron en vida y que yacían bajo sus aguas, consagraran su amor.
Y esta es una de las leyendas que se cuenta en la isla donde
vivo, al otro lado del sol, entre lo real y lo irreal.
LOLA
Oooh, que penita de enamorados :( ¡Me ha gustado mucho la historia!
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